Edgardo Suárez O.
La riqueza del país tiene que ser administrada inteligentemente, con transparencia y objetivos concretos, entre los que como prioridad debe estar el bienestar del ciudadano.
Ésta, precisamente, ha sido la lucha del pueblo boliviano que bajo la bandera del cambio, defendió las materias primas y exigió que las transnacionales paguen lo justo al país por la explotación de los recursos naturales. Lamentablemente esta lucha ha quedado a medio camino, y aunque se ha recuperado parte de la riqueza natural, no se ha conseguido la anhelada industrialización, es decir, la explotación de la riqueza con valor agregado por la producción de bienes y servicios.
El país continúa como exportador de materia prima y tanto los hidrocarburos como los minerales se exportan en bruto. De todas maneras, nuestro país volvió a mejorar las exportaciones y es posible que hasta fin de año, si se mantienen los niveles de producción y los precios internacionales, se logre batir el récord del año 2008, cuando valor de las exportaciones alcanzó los $us. 6 mil 890 millones de dólares. En los primeros seis meses del año 2010, los precios de los minerales y del gas natural se han incrementado en relación al año pasado. Los ingresos que han mejorado notablemente son los del gas natural, cuyos volúmenes de exportación están en la máxima capacidad y los precios tanto de las ventas a Brasil como a Argentina, han subido. Empero por falta de inversiones y tecnología, continuamos comprando gas licuado, gasolina y diesel.
La experiencia mundial indica que lo primero que hacen los países para consolidar su desarrollo, es fortalecer la capacidad energética, aunque no sean productores de hidrocarburos. Por ello dedican su mayor esfuerzo a la refinación. Un ejemplo claro es que mientras el grueso de la producción de gas y petróleo está en los países en desarrollo, el grueso de la capacidad de refinación se ubica en las naciones desarrolladas. La OPEP produce un 45% del petróleo mundial, pero su capacidad de refinación es una cuarta parte de ese total (11,5%). En cambio, América del Norte y Europa Occidental, que producen el 14% del petróleo mundial, tienen una capacidad de refinación que casi multiplica por tres esa cifra (40%). Japón, que no tiene petróleo, dispone de dos veces la capacidad de refinación de Arabia Saudita, que es el mayor productor mundial.
¿Por qué esta preocupación de las naciones más desarrolladas y deficitarias en petróleo por la refinación? No por razones económicas, pues la rentabilidad en esta industria es baja. Es la búsqueda de una mayor seguridad energética. Un ejemplo es la relación entre Venezuela y EEUU. Los crudos venezolanos, en general son pesados, requieren ser procesados en refinerías como las que existen en EEUU. De este modo, la capacidad de refinación transforma la dependencia en una interdependencia.
En nuestro país, sin duda se debe seguir expandiendo la inversión, producción y exportación en general, pero dando prioridad a una política dirigida a crear valor agregado, diversificando la producción e incorporando tecnología.
El país requiere establecer un crecimiento sostenido sobre la base de la riqueza que posee, pero explotándola racionalmente. Para ello es necesario que el país de una vez por todas ingrese al desafío de la producción de derivados de las materias primas mediante la industrialización. La esperanza del Mutún cada vez se diluye al constatarse que la Jindal está más interesada en exportar mineral en bruto, antes que cumplir sus compromisos de efectuar inversiones en tecnología para producir acero y derivados.
Bolivia necesita crear condiciones para atraer inversiones, generar estímulos y lograr una producción con valor agregado, sin tener que explotar hasta el límite los recursos primarios; el país tiene que incorporar tecnología y conocimientos, acumulando y aprendiendo para seguir innovando; diversificar bienes de mayor calidad, para atender mercados especializados como el del litio, utilizando nuevas tecnologías. Solo así se elevará la productividad en su conjunto y se equilibrará la balanza de producción, tecnología y conocimientos, condición necesaria para participar en forma más sólida y equitativa en la economía mundial.

















