Mario Rueda Peña
A varios años ya de su llegada al poder, respecto a los objetivos estratégicos que persigue, al gobierno del MAS le favorece la circunstancia de que no tenga al frente una opción político-partidaria bien estructurada y lo suficientemente fuerte como para hacerle contrapeso. Cuantitativamente hablando, de los partidos tradicionales queda poco o nada de lo que antes eran.
Muchos de ellos cerraron ya su ciclo de vigencia y los demás, año que pasa, se debilitan al extremo. Los movimientos cívico-regionales (de Santa Cruz, Cochabamba, Chuquisaca, Beni, Pando y Tarija) perdieron el poder de convocatoria que antes les caracterizaba. Fueron blancos de exitosas tácticas y estrategias gubernamentales que apuntaban a reducirles al mínimo sus reflejos de protesta organizada.
Lo cívico-regional contra el Gobierno irrumpió de modo multitudinario y furioso en Potosí, a lo que siguieron reflejos políticos antimasistas en algunas zonas rurales del Altiplano y en ciertos sectores medios y bajos de la economía ferial e informal. Con una respuesta de “Sí, tata” a las exigencias, el Gobierno logró apagar el incendio político-social potosino, pero no del todo. Si a plazo más o menos mediato no cumple con lo prometido, el ambiente volverá a encandecerse al pie del Cerro Rico.
En el altiplano paceño, el MAS padece una serie de desmarques.
Algunos dirigentes de ciertas bases campesinas que ya no aplauden sino le enseñan el puño a los del Palacio Quemado de La Paz, nos traen a la memoria muchos hechos de la tradición divisionista que por disputas del mando o expectativas no satisfechas caracteriza a tales sectores respecto a cuantos les incorporan a sus “movimientos sociales”. Desde los tiempos del MNR y de Barrientos Ortuño, la historia abunda en elocuentes registros al respecto.
Semejantes desligues, sin embargo, son aún aislados y esporádicos. No confluyen en un esquema de separación orgánica común en proyección de oposición, Por tanto, representan sólo un dolor de cabeza para el MAS, pero no algo que le quite el sueño. Sólo por ahora, naturalmente, porque de persistir el proceso de descomposición, mañana la cosa podría ser otra.
Entretanto, por causas que ya señaláramos en un anterior artículo, bajan las preferencias ciudadanas del MAS pero a un porcentaje que aún no es catastrófico (46 por ciento). En el pueblo hay un 54 por ciento que no aprueba al Gobierno actual, cifra que obviamente equivale a un buen espacio para una buena alternativa política de oposición, en la perspectiva electoral de 2015, que es cuando debe resolverse en forma democrática y pacífica (en las urnas) el pleito por el poder político.
Esa alternativa política no aparece ni siquiera en lontananza. Si permanece acurrucada a la espera de que la levanten condiciones específicas, es algo que sabremos recién en los próximos dos o tres años. Corre a favor suyo el extremo empeño del MAS de ser todo en el país y los demás (opositores) nada. Esta fijación, junto a problemas que puedan surgir en la economía, podría acortar su tramo temporal de aparición….

















